SOLEIL LEVANT
Voyage au JAPON : Geisha, Samouraï, Dragon, Shintoïsme, Bouddhisme, Taïko, Hanami, Mont
Fuji, lanternes, Sangaku, Haïku, Origami, Yin et Yang, Maneki Neko, Judo, Hiroshima et son
mémorial….
acerca de esta obra
Este trabajo presenta un viaje inmersivo al corazón de Japón. La cara de una mujer japonesa
de esta manera se convierte en una puerta de entrada a la cultura, la historia y la espiritualidad del país, donde
cada detalle cuenta una historia.
Alrededor de este retrato central, desarrolla un universo lleno de símbolos y referencias
emblemático de Japón: gracia de una geisha, disciplina de un samurai, poder
dragón mítico, y las enseñanzas del budismo. El majestuoso Monte Fuji, el
tradicionales linternas, torii y composiciones gráficas de Sangaku refuerzan las
dimensión estética y simbólica.
La cultura popular y las artes tradicionales también están presentes: Haiku, l-origami,
maneki Neko, Wadaiko percussion, Judo y Jigoro Kano, su fundador. El
también evoca importantes acontecimientos históricos, como Hiroshima y su memo-
rial, integrando la memoria y la reflexión en esta celebración cultural. El recuerdo de Yin y Yang
equilibrio y armonía que pasan por toda la composición.
Este retrato es un verdadero mapeo de Japón, combinando tradición, modernidad, historia y
la espiritualidad. El trabajo se convierte en un viaje visual y emocional, donde el espectador descubre el
riqueza y profundidad de la cultura japonesa a través de una mirada íntima y poética.
acerca de este artista
La pintura de Sylvaine Merlet es un cruce.
Una inmersión en las capas visibles e invisibles del mundo, donde la naturaleza humana
y la imaginación entrelazada. Sus imágenes nacen de la necesidad de endurecer lo que escapa
las palabras: las emociones sepultadas, los recuerdos colectivos, los vínculos silenciosos que unen a los
seres.
La mirada es el corazón de su enfoque. Es umbral, pasaje, espejo. Es a través de él que él es
fragilidad, fuerza, duda y esperanza prevalecen. Las figuras que pintó no son
no contento a ser visto: miran atrás, invitando al espectador a una reunión
Intima, casi meditativa.
Cada lienzo se construye como un mundo para explorar. Bajo la aparente unidad surge
fragmentos, símbolos, narrativas ocultas, como tantos estratos de pensamiento.
El trabajo se revela lentamente, al que acepta perder su estatura,
que el tiempo haga su trabajo.
El color es vivo, vibrante, a veces incandescente. Lleva emoción cruda, guía a los
mira y circula energía. Es respiración, impulso, movimiento interno.
La pintura se convierte en un acto de unión:
Conectar al humano a los vivos, el presente a los mitos antiguos, lo real a lo imaginario.
En un mundo fragmentado, la pintura de Sylvaine Merlet abre una. Espacio de resonancia,
de contemplación y sueño donde todos pueden encontrar una parte olvidada de sí mismo.